luns, 15 de xullo de 2019

Reseña de 'Banalidades' de Brane Mozetič






Amor u odio. Cuando algo cuesta, cuando uno se dedica a cincelar la identidad propia: mudando el lugar, no poniéndoselo fácil -¿A cuál de los mundos debería pertenecer?- nos dice el poeta, leyendo la soledad de otros sabiendo que la ficción no salva, acaso cura... Así es como uno se convierte en un lector, una lectora valiente.

Mozetic no es para tibios, no es para domingos, no es fácil ni curioso. No provoca risa aunque escribe desde el (buen) humor del superviviente a las batallas cotidianas. La voz poética de este libro a veces se pone ñoña y salta de firma a personaje: Soy demasiado tonto para escribir poemas inteligentes, pero casi siempre nos cuenta la película de cómo se pierde en la nada. Escenas narcóticas de amor desordenado. Testimonios que hilan banalidad y consciencia: chicos&besos y el descubrimiento de los hombres; uniforme militar de padre y masculinidad férrea; la locura de las mujeres (¡Atropéllame, venga!) y la belleza de la nieve que deja sin sentido al vacío y a la desesperanza que respira el poemario.

Con un estilo directo como un tiro al pecho de un amante, crudo y culto, Mozetic, enlaza con los beats, Verlaine, los libertinos franceses del XVII y Catulo -explica Luis Antonio de Villena en el prólogo- y convierte la caída en transgresión homoerótica hecha palabra explícita, despertándonos del letargo poético de leer el cuerpo como metáfora, pero sin engañarse: también es posible la deshumanización en la libertad de los márgenes. El esloveno se nombra  autor de literatura gay desde el otro lado del espejo, en el texto y nos devuelve a la mesa el debate literario ¿hace falta etiquetar el deseo? Respondiendo a los que lo tienen fácil que en este mundo líquido, lo que puede ser cool a un lado,  en el otro es silencio. Y para el día a día nos regala este diario nocturno y febril, que es forma de vida.


Ana Cibeira

Publicada Blog de La Central 2014

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 ¿Cómo contar una historia mientras se está contando otra? 

Ricado Piglia

"Los caminos de la expresión tanto como los de las ideas permanecen abiertos para quien se arriesgue a su soledad."

La febril construcción de marcos 'ad hoc' para el arte de consumo -sin ningún doble sentido ni mala intención en esto último- nos ha estado llevando, no a una superación de límites físicos o temáticos de lo creativo, sino más bien a una simplificación de contenidos y compromisos. Y esto es tan palpable que sólo falta que caiga en gracia prescindir de los marcos como máxima expresión de este gesto, del sometimiento a ellos; algo así como decir: ya no hacen falta los marcos porque todo nace enmarcado; en este supuesto, la fiebre del desprecio lo inundaría todo.


Como siempre en circunstancias semejantes, salta a la vista que las cosas, si no falsas, sí que resultan fingidas, pero también es verdad que los caminos de la expresión tanto como los de las ideas permanecen abiertos para quien se arriesgue a su soledad.

Isidoro Valcárcel Medina