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martes, 29 de decembro de 2015

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Hoy sin ir más lejos quemaremos en la plaza, para que todo el mundo lo vea, tu síndrome de Diógenes sentimental.

Juan Andrés García Román


La pólvora ya seca en la funda de los años,
y ni siquiera tuviste tiempo
de aprender el lenguaje
que un nombre propusiese.

Juan Carlos Reche 



(...) esto no es un hilo o unas ganas de nada.
Esta carta es una lágrima humana para sentirme menos perro abandonado.

(Capitán sangre, 2013) 


mércores, 16 de decembro de 2015

De 'La adoración' un texto que a min me funciona como poética

'Me acerqué más. En el fondo de la caja relumbraba algo. Y me agaché. Era el más bello bibelot de nieve que había visto nunca. Clásico. Una piedra negra, brillante y, dentro del vidrio, sumergido en nieve acuática, solamente la miniatura de un muñeco con bufanda, zanahoria y sombrero de copa, perfecto como una escultura de Fidias, sí, como un muñeco de nieve de mármol.

Juan Andrés García Román



martes, 15 de decembro de 2015

Atopar a beleza, unha posible poética








¿No lo comprendes? Yo no quiero la pescadilla que se muerde la cola, sino la que va más allá y se muerde el lomo y las branquias, hasta que en un esfuerzo yóguico se devora la cabeza y logra la aristocracia de lo que no envejece. Eso sí es emancipación. Y yo la conseguiré. El instante, la belleza.

Juan Andrés García Román

luns, 14 de decembro de 2015

"-Sólo una pregunta: si yo muero, ¿'esto' puede no haber sucedido?"


(...)

'-La nieve se derrite, pero es blanca. Se puede deshacer un nudo pero no su alma, que es como un humo. Se puede deshacer un nudo, no su funcionamiento. Puedes cerrar una puerta, pero no pretender que no se abra más; cerrarás el acto de haber abierto la puerta un día determinado, no la puerta. Si una puerta se abre, queda abierta siempre. Puede desaparecer la lluvia, pero no la posibilidad de que alguien mire el desierto con una máscara de plata.' 


Juan Andrés García Román 


domingo, 13 de decembro de 2015

DESDE QUE EL ESPÍRITU DE DIOS VOLETEABA SOBRE EL VINO (QUE TRATA DE LA FOBIA SOCIAL Y DEL MIEDO EN SU CONJUNTO)

Como un terrario en el que ves dos bichos
pero hay siempre un tercero
detrás del comedero, 
aguardando al acecho, inesperado
y taimado,
y es el que mejor sabe a qué hora ponen 
lechuga y vitaminas. 

Así veías al prójimo; los niños -nos decías-
no van al purgatorio,
sino a un vestuario en que se miden, 
diabólicos, el sexo con la regla. 

Por eso, me parece que a veces te encaramas
a una rama del árbol de familia
y me agitas la mía como diciendo: Hijo,
hijo mío, no tardes, si 
tampoco estás tan bien... 
Sube mejor al árbol sereno en el que nadie
se ríe ya de ti.

Porque el miedo va al cielo,
igual a un río que fabrica
el delta con sus detritus,

una alfombra que hay que
sacudir hasta en dos dimensiones
y que tiene debajo barrido
un místico desierto. 

Miedo tenía tu padre,
el de las tos reliquia. 

Miedo daba tu hermana,
la oscura monja que
cuando éramos pequeños
disfrutaba asustándonos
con aquella campana
que tenía en vez de rostro. 

Yo mismo a veces
siento en la planta de mis pies tus pasos
acercándose, dándome
miedo y melancolía. 

Ya verás cómo pronto
cotorrearemos con un palo de jaula
apoyado entre tu oreja y mi oreja. 

Ahora nos vamos a reír nosotros. 
Diremos juntos: hay de los soberbios 
(estamos todos en el barco,
el mar también);

diremos juntos: ay, 
ay de los moderados, los valientes,
ay de los que nacieron ya sabiendo. 

A esos les llegará,
su miedo muy naranja,
igual que los salmones
que se aguantan las ganas de ovular
eternamente y bajan por el río
sañudos, contrariados, retorcidos
-con cola a cada lado y
cabeza en ningún lado-; 

esos verán su miedo 
colearles delante indescifrable
cuando el sepulturero
dé un brinco al sol peinándose la cresta
y les cante su ¡¡ki-
kirikííí!!! 

Juan Andrés García Román