venres, 4 de marzo de 2011

No silencio da noite


algunos de los ponentes se empeñaron en decir que los blogs hacen daño. Que no hay literatura en los blogs. Que no es un medio sano. Que qué se yo. Lo más interesante quizá fue el debate sobre si los blogs cambiaban o no la forma de leer en las personas. Es posible, tampoco lo sé. Mis padres pusieron Internet en casa cuando yo tenía diez años. Desde entonces participaba conversaciones fragmentadas en chats y en messenger y buscaba páginas web en las que leía cosas sobre mis películas o series manga preferidas. A los trece años empecé a leer fotologs, blogs, livejournals, etc. A los catorce me hice uno. Un fotolog. Luego un blog. Luego otro, a los quince, y hasta ahora. Mi relación con la literatura fue parecida, si bien mi padre me regaló La senda del perdedor de Charles Bukowski a los once años, no empezaría a leer otras cosas (fuera de Bukowski, Salinger o Nothomb) hasta los catorce cuando ya llevaba mucho tiempo acostumbrada al formato Internet. (Era la época de Nabokov, Céline, Burroughs, Capote...) La lectura de estos últimos autores no estaba condicionada por la lectura digital. Podía pasarme una hora leyendo los textos de Rebeca Yanke en su fotolog Tribecca y luego volver al papel, sin ningún tipo de complicación lectora. Podía pasarme cientos de minutos hablando por messenger con mis amigos y luego tomar el cuaderno y probar a escribir cuentos sin faltas de ortografía o caracteres malignos y contraídos. Las quejas de Mario Cuenca Sandoval con respecto a los nuevos modos de lectura, siguiendo el ejemplo de sus alumnos de filosofía (adolescentes de bachiller), eran que ya no leemos igual. Ya no nos interesa el texto completo ni la linealidad. Buscamos las palabras clave que nos interesan como si de un buscador de palabras en Word se tratara. Creo sin embargo que la lectura diagonal existe desde siempre y que nosotros mismos la hacemos, día a día, con la prensa, con los pasajes de los libros que menos nos interesan, con nuestras propias obras, con algunos blogs (como ese tan pesado que tiene el fondo rojo y que nadie entiende), etc. Yo no defiendo el blog y lo defiendo al mismo tiempo. Sé que sin el blog no sería capaz de escribir diariamente. Sé que sin el blog no hubiera hecho esto o aquello. Y sé que me quita tiempo pero también me trae cosas nuevas. De hecho sin blog yo no hubiera conocido a Ibrahím Berlín. Sin Ibrahím Berlín no hubiera conocido a Tryno Maldonado (uno de los autores que ayer intervinieron). Sin Ibrahím, tampoco hubiera leído a Patricio Pron y él tampoco hubiera venido a mi blog, en donde yo lo citaba. No hubiera ido ayer a Casa de América ni hubiera visto a Juan Sebastián Cárdenas hablando de Animalitos inexpresivos. No me hubiera acordado del año pasado, cuando Ibrah y yo hacíamos fuerte lo que ahora es esto, esto nuestro. Ni hubiera buscado. Ni hubiera escrito. Ni nada. ¿Y qué sería de todos nosotros entonces? Miro a la estantería. Sé que cuando apague este cacharro y me vaya a Madriz para ver la última sesión del congreso de Nuevos narradores iberoamericanos cogeré el libro de David Foster Wallace y releeré ese relato magnífico. Relato que ya estaba allí. Antes de Cárdenas. Antes de Ibrah o antes de mí. Ese relato maravilloso que me recuerda las penas del verano. Penas almacenadas en un archivo oscuro de blogger.com Porque los blogs sirven para eso, en definitiva, los blogs están construidos de nostalgia, de tiempo pasado, de esa puta alegría o esa mierda que quedó tan atrás.




Recomendacións a pé de texto: Generación Blogger, unha antoloxía de David González; 23 Pandoras e Hankover, antoloxías de Vicente Muñoz Álvarez,  e a recén editada Beatitud. Visiones de la Beat Generarion feita por Ignacio Escuín.



[Fotiños; rímel ou marca de tinta; a segunda penso que a reoubei do blog de Luna, pero xa non sei...]

Ningún comentario:

Publicar un comentario